D. Victorino deseaba ofrecer al visitante la posibilidad de disfrutar del mágico mundo del vino que él tanto ama y por el que tanto ha trabajado junto a su familia.
Sus hijos han contribuido a materializar su deseo levantando un edificio de 5 plantas, de reconocido valor arquitectónico y convirtiéndolo en un homenaje a la figura de su padre como demuestra el nombre elegido para cada una de sus 21 habitaciones y salones.
A los recorridos por los viñedos, la visita a la bodega, las catas y los maridajes de vino y gastronomía se suma la posibilidad de alojarse en el complejo y conocer los recursos turísticos de una región rica en paisajes, arte, historia y naturaleza a través de los sentidos: paseos en globo, a caballo, en coche, a pie o en bicicleta.